ORACIÓN

Aquí estoy, Señor,

como el ciego al borde del camino…

cansado, sudoroso, polvoriento,

mendigo por necesidad y por oficio.

Pasas a mi lado y no te veo.

Tengo lo ojos cerrados a la luz.

Costumbre, dolor, desaliento…

Sobre ellos han crecido duras escamas

que me impiden verte.

¡Que vea, Señor, tus sendas!

¡Que vea, señor, los caminos de la vida!

¡Que vea, Señor, ante todo, tu rostro,

tus ojos,

tu corazón!

                      Florentino Ulibarri

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