ARTÍCULO DE J.A.PAGOLA

DÁDLES VOSOTROS DE COMER

 

         Jesús está ocupado en curar a aquellas gentes enfermas y desnutridas que le traen de todas partes. Lo hace, según el evangelista, porque su sufrimiento le conmueve. Mientras tanto, sus discípulos ven que se esta haciendo muy tarde. Su diálogo con Jesús nos permite penetrar en el significado profundo del episodio llamado

erróneamente “la multiplicación de los panes”.

         Los discípulos hacen a Jesús un planteamiento realista y razonable: “Despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer”. Ya han recibido de Jesús la atención que necesitaban. Ahora, que cada uno se vuelva a su aldea y se compre algo de comer según sus recursos y posibilidades.

         La reacción de Jesús es sorprendente: “No hace falta que se vayan. Dadles vosotros de comer”. El hambre es un problema demasiado grave para desentendernos unos de otros y dejar que cada uno lo resuelva en su propio pueblo como pueda. No es el momento de separarse, sino de unirse más que nunca para compartir entre todos lo que haya, sin excluir a nadie.

         Los discípulos le hacen ver que solo hay cinco panes y dos peces. No importa. Lo poco basta cuando se comparte con generosidad. Jesús manda que se sienten todos sobre el prado para celebrar una gran comida. De pronto todo cambia. Los que estaban a punto de separarse para saciar su hambre en su propia aldea, se sientan juntos en torno a Jesús para compartir lo poco que tienen. Así quiere ver Jesús a la comunidad humana.

         ¿Qué sucede con los panes y los peces en manos de Jesús? No los “multiplica”. Primero bendice a Dios y le da gracias: aquellos alimentos vienen de Dios: son de todos. Luego los va partiendo y se los va dando a los discípulos. Estos, a su vez, se los van dando a la gente. Los panes y los peces han ido pasando de unos a otros. Así han podido saciar su hambre todos.

         El arzobispo de Tánger ha levantado una vez más su voz para recordarnos “el sufrimiento de miles de hombres, mujeres y niños que, dejados a su suerte o perseguidos por los gobiernos, y entregados al poder usurero y esclavizante de las mafias, mendigan, sobreviven, sufren y mueren en el camino de la emigración”.

         En vez de unir nuestras fuerzas para erradicar en su raíz el hambre en el mundo, solo se nos ocurre encerrarnos en nuestro “bienestar egoísta” levantando barreras cada vez más degradantes y asesinas. ¿En nombre de qué Dios los despedimos para que se hundan en su miseria? ¿Dónde están los seguidores de Jesús?

¿Cuándo se oye en nuestras eucaristías el grito de Jesús. “Dadles vosotros de comer”? José Antonio Pagola

 

. 3 de agosto de 2014

28 Tiempo ordinario (A)

Mateo 14, 13-21

 

 

 

Una respuesta a “ARTÍCULO DE J.A.PAGOLA

  1. TODOS IMPLICADOS EN EL PAN DEL AMOR

    Tres episodios de una misma realidad:

    La necesidad del silencio. Hay una realidad profunda que está presente en la vida de Jesús, el íntimo deseo de encontrarse con el Padre, es su descanso más buscado, llenarse de su amor.

    También el hombre y la mujer necesitan hallarse, encontrarse con la verdad que mueve y da sentido a su vida.

    El creyente no puede vivir de espaldas, ignorar la llamada del amor, conque Dios Padre quiere entablar un diálogo mediante el cual, conformemos nuestra voluntad a la suya.

    La mirada compasiva. A Jesús le conmueven las carencias humanas que causan dolor. Triste y desolador es vagar de un lado para otro, perdidos, sin rumbo hacia ninguna parte, buscando remedio, respuesta que ayude a paliar la zozobra de un mañana incierto, sin horizonte de una vida más humana y digna.

    Vemos a Jesús, atento al reclamo que hacen de él cuantos le siguen, fijando sus expectativas en todo cuanto dice y hace.

    Hombres y mujeres que aún no han entendido el sentido verdadero de la actitud y obrar de Jesús, su novedosa y Buena Noticia. Necesitan comprender cuál es la certeza que ha de mover toda acción encaminada a curar las múltiples carencias humanas.

    La madre Teresa de Calcuta, expreso que hay una necesidad mucho más honda que la mera subsistencia y abarca a la totalidad de la persona: amor y reconocimiento.

    El amor que es don de sí mismo, que se compadece ante el sufrimiento del otro, se pone junto a él, se implica y compromete. Supone tal actitud tener que “mojarse”, correr riesgos.

    Dadles vosotros de comer. Las carencias y problemas del ser humano, el reconocimiento de sus legítimos derechos y libertades, llevan emparejados el compromiso y la responsable tarea de asumirlos entre todos y cada uno.

    Ante el requerimiento que le hacen a Jesús sus discípulos, para que despache a las gentes exhaustas y enfermas, el Maestro les insta a que sean ellos mismos quienes pongan remedio.

    Es la crónica de todos los días, “despachar al otro-@”, argumentar pretextos, tratar de justificar con excusas nuestra indiferencia y desinterés.

    Jesús sabe muy bien que “cinco panes y dos peces” son multitud cuando se aúnan voluntades, se salvan barreras, se comparte una verdadera comunión de bienes espirituales y materiales.

    El pan que sana y alimenta es Eucaristía de amor que se entrega, ¿a quién? A ese hombre, esa mujer cansados, que buscan en tí y en mí el pan del amor, la dignidad y la vida. Luego vendrá el reparto y es seguro que habrá para todos-@s

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