ARTÍCULO DE J.A.PAGOLA

QUÉ DECIMOS NOSOTROS

         También hoy nos dirige Jesús a los cristianos la misma pregunta que hizo un día a sus discípulos: “Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. No nos pregunta solo para que nos pronunciemos sobre su identidad misteriosa, sino también para que revisemos nuestra relación con él. ¿Qué le podemos responder desde nuestras comunidades?

¿Conocemos cada vez mejor a Jesús, o lo tenemos “encerrado en nuestros viejos esquemas aburridos” de siempre? ¿Somos comunidades vivas, interesadas en poner a Jesús en el centro de nuestra vida y de nuestras actividades, o vivimos estancados en la rutina y la mediocridad?

¿Amamos a Jesús con pasión o se ha convertido para nosotros en un personaje gastado al que seguimos invocando mientras en nuestro corazón va creciendo la indiferencia y el olvido? ¿Quienes se acercan a nuestras comunidades pueden sentir la fuerza y el atractivo que tiene para nosotros?

¿No sentimos discípulos y discípulas de Jesús? ¿Estamos aprendiendo a vivir con su estilo de vida en medio de la sociedad actual, o nos dejamos arrastrar por cualquier reclamo más apetecible para nuestros intereses? ¿Nos da igual vivir de cualquier manera, o hemos hecho de nuestra comunidad una escuela para aprender a vivir como Jesús?

¿Estamos aprendiendo a mirar la vida como la miraba Jesús? ¿Miramos desde nuestras comunidades a los necesitados y excluidos con compasión y responsabilidad, o nos encerramos en nuestras celebraciones, indiferentes al sufrimiento de los más desvalidos y olvidados: los que fueron siempre los predilectos de Jesús?

¿Seguimos a Jesús colaborando con él en el proyecto humanizador del Padre, o seguimos pensando que lo más importante del cristianismo es preocuparnos exclusivamente de nuestra salvación? ¿Estamos convencidos de que el modo de seguir a Jesús es vivir cada día haciendo la vida más humana y más dichosa para todos?

¿Vivimos el domingo cristiano celebrando la resurrección de Jesús, u organizamos nuestro fin de semana vacío de todo sentido cristiano? ¿Hemos aprendido a encontrar a Jesús en el silencio del corazón, o sentimos que nuestra fe se va apagando ahogada por el ruido y el vacío que hay dentro de nosotros?

¿Creemos en Jesús resucitado que camina con nosotros lleno de vida? ¿Vivimos acogiendo en nuestras comunidades la paz que nos dejó en herencia a sus seguidores? ¿Creemos que Jesús nos ama con un amor que nunca acabará? ¿Creemos en su fuerza renovadora? ¿Sabemos ser testigos del misterio de esperanza que llevamos dentro de nosotros?

José Antonio Pagola

. 24 de agosto de 2014

21 Tiempo ordinario (A)

Mateo 16, 13-20

 

 

Una respuesta a “ARTÍCULO DE J.A.PAGOLA

  1. LA RESPUESTA DEL AMOR

    Jesús nos interpela con una pregunta decisiva, que ha de marcar un antes y un después en la vida de todo hombre y mujer.

    ¿Quién es Jesús para mí?

    Si alguien a quien amamos nos preguntara: ¿qué piensas de mí, quién soy yo para tí?, con toda certeza responderíamos: TODO.

    Conocer a alguien no es fácil, entraña estar dispuesto-@ a realizar un camino, cargado de interrogantes que será preciso ir dando respuesta. Una respuesta coherente que implicará un compromiso responsable, asumir la realidad del otro-@ con fe y confianza.

    Amar al otro, a los otros, no siempre coincide con nuestros intereses, nuestras expectativa. Lo sabemos, el amor es siempre un riesgo que pone en juego la propia vida, Sin embargo, no será nunca un salto al vacío, a la nada.

    Creer implica también conocer la realidad del otro-@, su propia identidad, lo que piensa, dice y hace. No es pues algo ciego, inconsciente, fruto de un apasionamiento e euforia momentáneos.

    La fe no debe estar separada de la razón, sino que ambas deben convivir en armonía. Juan Pablo II en su libro Fe y Razón, hace una síntesis y estudio de como creer no puede ser nunca, una opción que nos sitúe en un precipicio sin sentido ni horizonte.

    Vivimos en un mundo convulso, un mundo donde fluctuan las ideas, se fanatiza el pensamiento totalitario, es fácil seguir los postulados de este o aquél partido, enarbolar banderas, elevar a la cima del poder a éste o aquél personaje. Tantos postulados capaces de llevar a la confusión, el enfrentamiento, la lucha que acaban en las violencias y guerras que contemplamos,

    Creer en Jesús es creer en su amor, su apuesta por todo hombre y mujer, necesitados de amor. Son tantas las preguntas que entraña amar así, que sólo el tiempo puede ir dando respuesta, a veces con urgencia, pues sabemos muy bien que el amor no puede esperar, que el mañana tal vez sea demasiado tarde.

    La respuesta a la pregunta que Jesús nos hace: ¿quién decís que soy yo?, sólo tiene cabida en el amor de Dios manifestado en su vida. Creer será asumir y aceptar el gran regalo de la fe, don gratuíto de amor, al cual Jesús nos llama e interpela para ser creíbles seguidores de Él,

    Desde nuestra humilde condición, en medio de nuestras caídas y logros, debemos responder con decisión libre a la llamada del amor,

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