CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO

 Resumen

1 octubre 2014.

Queridos hermanos y hermanas:

Además de los dones con los que el Señor edifica y hace más fecunda a la Iglesia, están los carismas. Un carisma es más que un talento o una cualidad personal. Es una gracia, un don que Dios da por medio del Espíritu Santo. No porque alguien sea mejor que los demás, sino para que lo ponga al servicio de los demás con la misma gratuidad y amor con que lo ha recibido.

Cada uno puede preguntarse: ¿Qué carisma me ha dado el Señor? ¿Cómo vivo este carisma? ¿Lo asumo con generosidad, poniéndolo al servicio de todos, o acaso lo tengo descuidado o quizás olvidado? o para mi mismo?

Los diversos carismas y dones con los que el Padre colma a la Iglesia son para crecer en armonía, en la fe y en su amor, como un cuerpo solo, el Cuerpo de Cristo, donde tenemos necesidad los unos de los otros, y donde cada don recibido se verifica plenamente al ser compartido con los hermanos. Así resplandece la belleza y la fuerza sobrenatural de la fe para que juntos podamos entrar en el corazón del Evangelio y seguir a Jesús.

 

Una respuesta a “CATEQUESIS DEL PAPA FRANCISCO

  1. LOS FRUTOS DEL AMOR SON PARA DIOS

    Es, en efecto, lo que ha conformado la historia de amor entre Dios y sus criaturas. Historia en la cual, el hombre y la mujer han sido interpelados, llamados a responder a Dios, que desde siempre nos ha amado, como un padre y madre buenos aman y quieren al hijo-@ de sus entrañas.

    Y la respuesta a ese amor, a la vista de las realidades de este mundo que nos ha tocado vivir, no parece conformarse salvo loables excepciones, a lo que sin duda Dios desea de cada ser humano.

    Un deseo bueno que trasforme nuestro obrar en gestos de misericordia y traigan consigo, los frutos de una promesa de amor que Jesús vino a consumar.

    La Palabra, nos presenta las traiciones de cuantos han hecho de la viña del Señor, lugar de abuso y estrago,  injusticia y corrupción, comportándose como auténticos depredadores.

    Hoy podíamos transpasar esta realidad, sobretodo al ámbito político, donde cada cual parece campear según su libre albedrío e interés, saltándose las leyes o interpretándolas al margen del bien común.

    Estamos viendo con honda preocupación e incierto futuro, como algunos representantes políticos, pretenden adueñarse de las “llaves del Reino” ,expropiar, abrir y cerrar a su antojo.

    El relato estremecedor de la viña, a la que Dios nos invita a trabajar aunando esfuerzos y voluntades, recoge la perversa y miserable maldad, cuyos frutos estériles todos conocemos.

    El egoísmo  actuando, movido en función de “lo mío”, destruyendo los dones del Creador, todo cuanto hermoso y grande ha concebido: el amor como germen de vida, el deseo fraterno de que “todos sean uno” en la plural diversidad, la esperanza de un mundo más habitable, la actitud compasiva ante el sufrimiento, el derecho de los pueblos a vivir con dignidad, libertad y  justicia, la equidad en la distribución de la riqueza, la gratificante contemplación de la naturaleza, cuyo ecosistema estamos profanando y provocando los desastres ambientales que todos conocemos, tantas realidades como es preciso asumir desde nuestra grande o pequeña aportación.

    Frutos de amor y perdón gratuítos, sin venganzas o resentimientos, diálogo y respeto que ayuden a armonizar las relaciones, la mutua confianza que genere cercanía, altura de miras y apertura, capaces de crear espacios y escenarios nuevos, cuyos objetivos se apoyen en la concordia y entendimiento entre las personas.

    Es una tarea que demanda coherencia evangélica, compromiso personal y colectivo, donde todos y todas podemos y debemos sembrar la semilla de amor.

    Es hora de dejar que los gestos den vida a las palabras, que dejemos en segundo plano nuestras razones, tantas veces interesadas, la idea inamovible de creer que mi verdad es absoluta.

    Para ser eficaz, la Palabra ha de tomar cuerpo y forma en el cotidiano vivir, donde los otros-@s, esperan el testimonio humano de la fe manifestada en las obras.

    En la Eucaristía tiene pleno sentido las palabras de Jesús:
    “amaos como yo os he amado”. Con un amor honesto, libre de conveniencias e intereses, cuya entrega generosa sea puro don de sí.

    No nos engañemos, el desencanto y decepción que provocan desesperanza y pérdida de sentido, sólo puede ser curado con grandes dosis de amor y generosa entrega.

    ¿A qué esperamos? Cuando el dueño de la viña nos pida cuentas -que lo hará-, ¿qué van a portar nuestras manos, agrazones?

    Pienso que si somos capaces de vaciarnos de nuestro yo, de superar todo cuanto nos separa y enfrenta, encontraremos espacio en nuestro corazón, para acoger la realidad del otro-@. ponernos en su lugar, y desde ahí, tratar de responder al mandato de Jesús.

    Es seguro que hallaremos paz en nuestra conciencia, el beneplácito de Dios y la armonía con los demás, si retomamos el espíritu de los primeros cristianos, que puedan decir los hombres y mujeres de nuestro tiempo, excépticos, agnósticos, decepcionados: MIRAD CÓMO SE AMAN.

    maría jesús.

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