ARTÍCULO DE J.A.PAGOLA

UN JUICIO EXTRAÑO

         Las fuentes no admiten dudas. Jesús vive volcado hacia aquellos que ve necesitados de ayuda. Es incapaz de pasar de largo. Ningún sufrimiento le es ajeno. Se identifica con los más pequeños y desvalidos y hace por ellos todo lo que puede. Para él la compasión es lo primero. El único modo de parecernos a Dios: «Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo».

¿Cómo nos va a extrañar que, al hablar del Juicio final, Jesús presente la compasión como el criterio último y decisivo que juzgará nuestras vidas y nuestra identificación con él? ¿Cómo nos va a extrañar que se presente identificado con todos los pobres y desgraciados de la historia?

Según el relato de Mateo, comparecen ante el Hijo del Hombre, es decir, ante Jesús, el compasivo, «todas las naciones». No se hacen diferencias entre «pueblo elegido» y «pueblo pagano». Nada se dice de las diferentes religiones y cultos. Se habla de algo muy humano y que todos entienden: ¿Qué hemos hecho con todos los que han vivido sufriendo?

El evangelista no se detiene propiamente a describir los detalles de un juicio. Lo que destaca es un doble diálogo que arroja una luz inmensa sobre nuestro presente, y nos abre los ojos para ver que, en definitiva, hay dos maneras de reaccionar ante los que sufren: nos compadecemos y les ayudamos, o nos desentendemos y los abandonamos.

El que habla es un Juez que está identificado con todos los pobres y necesitados: «Cada vez que ayudasteis a uno de estos mis pequeños hermanos, lo hicisteis conmigo». Quienes se han acercado a ayudar a un necesitado, se han acercado a él. Por eso han de estar junto a él en el reino: «Venid, benditos de mi Padre».

Luego se dirige a quienes han vivido sin compasión: «Cada vez que no ayudasteis a uno de estos pequeños, lo dejasteis de hacer conmigo». Quienes se han apartado de los que sufren, se han apartado de Jesús. Es lógico que ahora les diga: «Apartaos de mí». Seguid vuestro camino…

Nuestra vida se está jugando ahora mismo. No hay que esperar ningún juicio. Ahora nos estamos acercando o alejando de los que sufren. Ahora nos estamos acercando o alejando de Cristo. Ahora estamos decidiendo nuestra vida.

 

José Antonio Pagola

23 de noviembre de 2014

         Solemnidad de Cristo Rey

                      Mateo 25, 31 – 46

 

Una respuesta a “ARTÍCULO DE J.A.PAGOLA

  1. EL SEÑORÍO DEL AMOR

    Si, en cada gesto, en cada obra, en cada sentimiento y palabra realizados con amor, como don que brota de lo más profundo del ser, en ese preciso instante en el cual me olvido de mí, de mi propio interés, fijo mi mirada y se conmueve mi corazón ante la necesidad del otro-@, me convierto en testigo creíble de mi propia historia de amor, que es historia de salvación.

    Existen tantas carencias como nuestra misericordia y compasión sea capaz de descubrir, algunas tan evidentes que ignorarlas  sería un acto de hipocresía.

    Sin duda vemos y hacemos lo que queremos, es nuestra libertad, decimos, con cierto eufemismo y no poca dosis de fría indiferencia.

    Así el otro-@ se convierte en un objeto u identidad abstracta,  para el cual busco la fórmula y el método más oportuno o conveniente, que permita librarme de compromiso y responsabilidad alguna.

    Fácil es “despachar” asuntos que despejen nuestro camino de todo cuanto no estamos dispuestos a asumir como interpelación de la propia conciencia y un testimonio coherente cristiano.

    Cuando la realidad del otro nos provoca rechazo y la vivimos como incordio, molestia o carga pesada, entonces estamos negando el verdadero rostro de Dios, el rostro de su amor.

    Porque, no lo olvidemos, las huellas y heridas que un hombre y mujer presentan, son señales reales de la indiferencia y el egoísmo de un procecer tantas veces inhumano e indigno.

    Inclinados a juzgar los errores y pecados ajenos, las consecuencias de una conducta equivocada, nos olvidamos de una verdad esencial: Jesús ya fue juzgado y condenado una vez y para siempre, cargando con las culpas y miserias de la humanidad entera.

    Señor de la historia, su reinado de amor se hizo visible en la cruz: “¡Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino!”. Y un perdón inmenso, como grande y profundo es el amor, se derramó sobre aquél pobre hombre, llenando su corazón de certera esperanza: “HOY ESTARÁS CONMIGO EN EL PARAÍSO”.

    Este es el Reinado del amor que no pone penitencias insufribles ni carga fardos pesados, sino que abre la puerta a la misericordia, al encuentro y reconciliación.
    __________________________________________________________________________________
    Gracias por este pequeño espacio, sin duda ha sido una experiencia profunda e íntima, que me ha permitido expresar el encuentro con la Palabra, todo cuanto me ha interpelado y sugerido.

    Animo a todos-@s a leer y orar el Evangelio en un lugar de silencio. Pronto irá transformando nuestro corazón, nuestra mirada, toda nuestra vida, nos llevará a ser testigos creíbles, viviendo la fe con coherencia.

    Jesús camina a nuestro lado, su espíritu de amor alienta nuestra vida.
    ¡Eskerrik asko! Gracias. María Jesús.

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