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ORACIÓN

ANÓNIMO

No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

rubens245

PARA REZAR EN VERANO

Dios nuestro, creador del universo,

Padre de la bondad y del amor,

Te queremos dar gracias por la belleza del mundo,

por el sol que nos ilumina,

por los montes y los bosques, por el mar y los ríos,

por la alegría de poder contemplar

todo lo que Tú has puesto en nuestras manos,

y de poder disfrutarlo de tantas maneras.

 

Padre, Dios nuestro,

en estos días cálidos y vigorosos

Te pedimos que nos llenes de la alegría de tu Espíritu

y de la fuerza de tu Hijo Jesús

para que nunca dejemos de darte gracias

y para que, al mismo tiempo, sepamos ser,

para todos aquellos que encontremos en nuestro camino,

y sobre todo para los más débiles,

presencia viva de tu amor,

imagen luminosa de tu bondad,

realización concreta de todo lo que Tú quieres

para llenar de alegría y de paz

a todos los hombres y mujeres que tenemos cerca

y a todos los hombres y mujeres

del mundo entero.

 (de MISA DOMINICAL

MEDITACIÓN

A la sombra de una parra

Estaba, esta mañana, desayunando a la sombra de una parra; y ante la frondosidad de sus hojas y racimos, bajo los rayos de un sol mañanero, recordaba las palabras de Jesús “Yo soy la vid verdadera” (Jn.15,1).

Estos racimo están engordando de día en día, crecen y son promesa de una cosecha que vendrá. Su vida depende de ese entramado que les rodea: ramas (sarmientos), verdes hojas, el agua fresca del atardecer, los cuidados que recibe.

“Ningún sarmiento puede producir fruto por sí mismo sin estar unido a la vid”, nos recuerda Jesús.

El tronco, la cepa, sostiene todo este entramado, todo el conjunto de la vid, en una armonía que nos sorprende a la luz del sol que da brillo a este rincón.

“Yo soy la vid, vosotros los sarmientos”.

Estos han sido algunos de los pensamientos que me ha sugerido esta misma mañana la contemplación de esta parra. Os los ofrezco como pequeña meditación.

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