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Oraciones cristianas

INMACUALADA

Ninguno del ser humano
como vos se pudo ver;
que a otros los dejan caer
y después les dan la mano.
 
Mas vos, Virgen, no caíste
como los otros cayeron,
que siempre la mano os dieron
con que preservada fuiste.
 
Yo, cien mil veces caído,
os suplico que me deis
la vuestra, y me levantéis
porque no quede perdido.
 
Y por vuestra concepción,
que fue de tan gran pureza,
conserva en mí la limpieza
del alma y del corazón,
 
Para que de esta manera
suba con vos a gozar
del que solo puede dar
vida y gloria verdadera. Amén.

Catequesis

 Oración Otoitza

Jesús, enséñanos siempre a escucharte y a seguir siempre tu camino.

Jesus, erakuts iezaguzu zuri entzuten eta zure bidea beti jarraitzen

 

ORACIÓN

Salmo 17

Yo te amo, Señor, tú eres mi fortaleza;

Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador.

 Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío,

mi fuerza salvadora, mi baluarte.

Invoco al Señor de mi alabanza

y quedo libre de mis enemigos.

 Viva el Señor, bendita sea mi Roca,

sea ensalzado mi Dios y Salvador.

ORACIÓN

Aquí estoy, Señor,

como el ciego al borde del camino…

cansado, sudoroso, polvoriento,

mendigo por necesidad y por oficio.

Pasas a mi lado y no te veo.

Tengo lo ojos cerrados a la luz.

Costumbre, dolor, desaliento…

Sobre ellos han crecido duras escamas

que me impiden verte.

¡Que vea, Señor, tus sendas!

¡Que vea, señor, los caminos de la vida!

¡Que vea, Señor, ante todo, tu rostro,

tus ojos,

tu corazón!

                      Florentino Ulibarri

ORACIÓN

Concédenos la dicha, Señor,

de buscar las cosas pequeñas,

de ilusionarnos con los detalles,

de trabajar en lo que merece la pena.

 

Llévanos a la verdadera felicidad

que florece sin anunciarse,

que calma donde más quema,

que hace del amar un arte.

 

Dinos qué es santidad,

no porque nos creamos perfectos,

ni porque despreciemos al débil,

sino porque Tú ocupas el corazón nuestro.

                                           Pedro Fraile

PARA REZAR EN VERANO

Dios nuestro, creador del universo,

Padre de la bondad y del amor,

Te queremos dar gracias por la belleza del mundo,

por el sol que nos ilumina,

por los montes y los bosques, por el mar y los ríos,

por la alegría de poder contemplar

todo lo que Tú has puesto en nuestras manos,

y de poder disfrutarlo de tantas maneras.

 

Padre, Dios nuestro,

en estos días cálidos y vigorosos

Te pedimos que nos llenes de la alegría de tu Espíritu

y de la fuerza de tu Hijo Jesús

para que nunca dejemos de darte gracias

y para que, al mismo tiempo, sepamos ser,

para todos aquellos que encontremos en nuestro camino,

y sobre todo para los más débiles,

presencia viva de tu amor,

imagen luminosa de tu bondad,

realización concreta de todo lo que Tú quieres

para llenar de alegría y de paz

a todos los hombres y mujeres que tenemos cerca

y a todos los hombres y mujeres

del mundo entero.

 (de MISA DOMINICAL

MEDITACIÓN

A la sombra de una parra

Estaba, esta mañana, desayunando a la sombra de una parra; y ante la frondosidad de sus hojas y racimos, bajo los rayos de un sol mañanero, recordaba las palabras de Jesús “Yo soy la vid verdadera” (Jn.15,1).

Estos racimo están engordando de día en día, crecen y son promesa de una cosecha que vendrá. Su vida depende de ese entramado que les rodea: ramas (sarmientos), verdes hojas, el agua fresca del atardecer, los cuidados que recibe.

“Ningún sarmiento puede producir fruto por sí mismo sin estar unido a la vid”, nos recuerda Jesús.

El tronco, la cepa, sostiene todo este entramado, todo el conjunto de la vid, en una armonía que nos sorprende a la luz del sol que da brillo a este rincón.

“Yo soy la vid, vosotros los sarmientos”.

Estos han sido algunos de los pensamientos que me ha sugerido esta misma mañana la contemplación de esta parra. Os los ofrezco como pequeña meditación.

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