Reflexiones

Si quereis hacer algún tipo de aportación sobre temas de actualidad o de fe cristiana en general éste es el foro adecuado.

No dudéis en compartir vuestros pensamientos con la comunidad, nos enriquecerá a todos.

13 Respuestas a “Reflexiones

  1. En cuanto al artículo de opinión SEGUIDORES, cierto es que con estar bautizado ya se forma parte de la comunidad cristiana y que hoy en día muchos de estos bautizados no siguen el camino ni las enseñanzas de Cristo, pero también hay quien no los sigue aún siendo “practicante” y, en un polo opuesto, quien los sigue sin estar bautizado.
    Creo que el grado de vinculación con la vida parroquial no debiera ser algo que mida el grado de cristiandad de una persona. Seguro que más de uno de vosotros conocéis a alguna persona que va a Misa todos los domingos y luego tiene un comportamiento no consecuente y viceversa, lo que no resta importancia a lo fructífero de vivir la fe en comunidad, compartirla, etc. Habrá que animar al que esté dispuesto a practicar la fe en comunión con sus hermanos y dejar libertad a quien quiera llevar su cristiandad de otro modo.

  2. Hace un año publiqué uno de mis artículos de reflexiones, este es sobre la GRATUIDAD, si os interesa, ir a esta página:
    http://www.catolicodeapie.com/historico%202009/248-gratuidad.doc
    Paz y bien.

  3. EL SEPULCRO DE LA VIRGEN MARÍA

    El Gupo Betania de esta Parroquia hemos visitado el sepulcro donde según la tradición fue depositado el cuerpo de la Virgen María -no logro insertar la fotografía-.

    Murió verdaderamente, pero no por martirio ni por muerte violenta; tampoco de enfermedad o vejez. Los teólogos son unánimes en afirmar que la Virgen murió a causa del ardoroso amor de Dios y del vehemente deseo y contemplación intensísima de las cosas celestiales’. Así sostuvieron San Jerónimo, el abad Guerrico, San Alberto Magno, Dionisio el Cartujano, Santo Tomás de Villanueva, Bossuet, etc.

    ¿Que pasó después?, ¿sufrió la corrupción?

    Hay que distinguir entre ‘muerte’ y ‘corrupción en el sepulcro’. La muerte es la separación del cuerpo y del alma; en cambio la corrupción del sepulcro es la resolución del cuerpo en polvo. Cristo murió, pero no conoció la corrupción del sepulcro, cumpliéndose lo predicho en el Salmo 15,10: “No permitirás que tu Santo vea la corrupción”.

    La Virgen María tampoco estuvo sujeta a la corrupción del sepulcro. Esto es tradición unánime de la Iglesia. Santo Tomás de Villanueva dice: “No es justo que sufra corrupción aquel cuerpo que no estuvo sujeto a ninguna concupiscencia”.

    Al tercer día, los Apóstoles que velaban en torno al sepulcro oyeron una voz muy conocida, que repetía las antiguas palabras del Cenáculo: “La paz sea con vosotros”. Era Jesús, que venía a llevarse el cuerpo de su Madre… Esta es la tradición, definida solemnemente por el papa Pío XII en 1950… En el sepulcro sólo quedaron aromas de jazmines y azahares.

    Fuentes: Catholic Net

    Roberto Sola

  4. En ese mismo viaje del grupo Betania, hemos admirado los paisajes que vio Jesús: http://www.catolicodeapie.com/historico%202010/276%20Las%20entrañables%20miradas%20de%20Jesús.doc

  5. Roberto: me ha conmovido la reflexión sobre la “mirada de Jesús”. Creo que es muy acertado el comentario sobre las diversas fotos de Galilea y Judea.

  6. ¿Quién decis que soy yo?

    Entre las muchas identidades que los coetáneos de Jesús mencionan y que hacen referencia a su persona podemos destacar: Hijo de Dios, Altísimo, Consagrado de Dios, Hijo de David, Mesías, Profeta, Ungido, etc. Y también: endemoniado, loco, blasfemo, amigo de pecadores y prostitutas, el hijo del carpintero…

    ¿Quién es pues Jesús? Un impostor que trata de embaucar con su dialéctica a cuantos le siguen, un enfermo que ha ideado una imagen de si mismo fuera de la realidad, o alguien tan ingenuo como para creer que el amor puede cambiar el orden social y religioso establecido, con sus leyes, preceptos y normas.

    ¿Quién acierta a comprender su verdadera identidad que determina su razón de ser y obrar?

    Oigamos una voz singular que no ofrece duda. Es Dios-Padre quien manifiesta quién es Jesús, a través del lenguaje del amor: “Este es mi hijo amado, mi predilecto, en quien tengo todas mis complacencias”. Y en otro pasaje del evangelio dice: “Este es mi Hijo querido, escuchadle”. (Bautismo y Transfiguración)

    Entre sus discípulos más íntimos destaca la declaración de Pedro: Tú eres el Mesías.

    Escuchemos a Jesús respondiendo ante el sanedrín acerca de su verdadera identidad.
    El sumo sacerdote preguntó a Jesús: ¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?
    Jesús respondió: Yo soy. Veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Todopoderoso y llegando entre las nubes del cielo.

    Jesús es consciente del poder del mal y sus consecuencias. Cada minuto de su vida pública “se la está jugando”, al tener que enfrentarse a un orden establecido donde la injusticia, la mentira, el abuso de poder, convierten las instituciones civiles y religiosas en plataformas de dominio y opresión hacia los más débiles y vulnerables.

    Jesús no es alguien que viendo a su pueblo bajo el dominio del poder romano, se erige en dirigente o adalid, agitando a las masas, creando proselitismo a ultranza, provocando una especie de rebelión social-político-religiosa. De ahí que, en numerosas ocasiones, mande callar a sus seguidores y a cuantos quieren ver en él “el salvador” de todas las desdichas existentes.

    Jesús proclama en numerosas ocasiones que en la raíz de su identidad, está la genuina esencia de su ser y de su obrar: el amor del Padre. Mantener su fidelidad a la voluntad del Padre será su misión redentora, que le llevará a entregar su vida, no sólo en el momento crucial de su Pasión, sino a través del don de si mismo, de su amor, lleno de misericordia y perdón.

    Sin duda, muchos cristianos-@s de hoy, se muestran en exceso preocupados y afanados, por hacer valer su notoriedad e identidad dentro de la Iglesia. El afán de protagonismo a ultranza, sofoca la verdadera razón de ser de los seguidores de Jesús, que no es otra que permanecer en su amor.

    Es el amor, nuestra más preciada identidad, aquella que nos acerca y hermana, nos hace vivir de manera fraterna como hijos de un mismo Padre.

    Ojalá que no nos confundan otras identidades, otros nombres, cuya realidad nos aleje y haga olvidar nuestra verdadera identidad, la que nos hace ser fieles al amor de Dios.

  7. “Venid a mí los cansados y agobiados, encontraréis alivio”

    Es la llamada que hace Jesús a tantos hombres y mujeres llevando sobre sí la fatiga extenuante de un trabajo de esclavos, la onerosa carga de condiciones laborables que denigran su dignidad, la explotación y abuso de menores, a cambio de míseros salarios y en unas condiciones que ponen en peligro su propia vida, tantos seres humanos al servicio del lucro y la ambición del dinero, de quienes la persona no es otra cosa que una máquina de producción, generadora de beneficios rentables y económicos.
    Son realidades que están ahí, las conocemos a través de los medios de comunicación.
    A estos hombres y mujeres, pobres parias, cuya vida se mantiene en pie por la Providencia divina, se dirige Jesús, les llama e invita a que acudan a él, donde encontrarán descanso para su espíritu.

    “Mi carga es ligera y mi yugo suave”

    Quien tiene la suerte de vivir rodeado de afecto, compartiendo la amistad, alegrías y tristezas, quizá le resulte difícil comprender, como pueden sentirse los y las que viven abrumados por la incertidumbre, el abandono, la indiferencia, fruto de una concepción individualista que para nada tiene en cuenta al otro-@. Son multitud los y las que tienen que afrontar la existencia llevando sobre sus hombros, la pesada carga de la incomprensión, el rechazo y la exclusión, que abocan a la soledad y abandono.

    Si, es la soledad la pandemia del siglo XXI. Por eso, cuando la vida te presente mil motivos para llorar, para desesperar,
    hemos de pedir a Jesús, nos conceda mansedumbre y un corazón sencillo, para que viendo nuestra propia indigencia, comprendamos la necesidad que tenemos unos de otros.

    Jesús nos enseña a través de su amor, a ser cobijo y cercanía, para tantos@s como son presos-@s del cansancio y la soledad.

    Encontraremos descanso y paz, en la medida que aliviemos las cargas pesadas que el egoísmo y la indiferencia permiten.

    Me pregunto cada día: los otros-@s encuentran en mí descanso, consuelo y paz? ¡Cuesta tan poco una palabra de aliento, un gesto entrañable!

  8. Hoy celebra la Iglesia la fiesta de Santiago, que junto con su hermano Juan, fueron llamados por el Señor a seguirle.
    El relato evangélico nos habla de la madre de estos dos hermanos, una mujer cuyo amor pretende alcanzar, un puesto singular para sus hijos: sentarse en el Reino de Jesús a la derecha e izquierda de él.
    Sin duda esta mujer creía en Jesús, en sus obras llenas de compasión y misericordia. Albergaba en su corazón, la esperanza de alcanzar un favor especial para sus hijos. Y que otro privilegio podía superar sus expectativas, sino el compartir el Reino.
    Así es como hombres y mujeres nos forjamos situaciones, que traigan a nuestra vida mayores cotas de bienestar. Para ello cuidamos las relaciones, establecemos contactos, poniendo el punto de mira e interés en esta o aquella persona, a través de la cual, consigamos nuestros objetivos, hacer realidad un deseo o proyecto.
    Jesús deja claro que en su Reino no existen privilegios, nadie ocupa puestos singulares, nadie se sitúa por encima de los otros.
    El Reino de Jesús radica en el amor de un Padre bueno, que tiene reservado un sitio para cada hombre y mujer, un lugar para todos donde se viva el amor sin reserva especial o trato de favor.
    Este Reino no es algo que se hereda o adquiere, no se puede comprar, es gratuíto y libre de alcanzar, es en verdad, un Reino de amor.
    Aquí y ahora, estamos llamados a construir esa nueva humanidad, desde la propia singularidad que nos hace distintos y, sin embargo, iguales para ser habitados por el amor del Padre.
    Busquemos si, con verdadero afán y el corazón abierto, una realidad digna y mejor para todos, donde cada persona tenga su espacio grande o pequeño donde se sienta a gusto, acogido con amor, y no por un interés vano y efímero.
    Difícilmente alcanzaremos un lugar en la morada de Dios, si aquí hemos negado al otro el derecho a ocupar el sitio que por ser hijo e hija de Dios le pertenece, su espacio de amor.

  9. ¡Shalom, por compasión, shalom!

    En nombre de las víctimas inocentes, los niños, a los cuales las bombas asesinas han sesgado la vida para siempre, los que han sido gravemente heridos y mutilados, tantos como quedarán sicológicamente afectados y traumatizados.

    La guerra es la acción más absurda y estéril que existe, genera odio y rencor, un deseo insaciable de venganza.

    Las secuelas de una guerra son devastadoras, dejan tras de sí, ruina, desolación, miseria, un rastro de sufrimiento difícil de superar.

    El mundo entero debe alzar su voz unánime, debe salir a la calle, lanzar un grito de paz, un grito capaz de hacer callar las armas, los misiles, las bombas.

    Los gobiernos y sus representantes políticos tienen el deber de apoyar las movilizaciones a favor de la paz, de manera que se oiga una sola voz: ¡SHALOM! PAREN LA GUERRA.

    Los conflictos y enfrentamientos siempre se generan, cuando se transgreden los legítimos derechos y libertades, el respeto al que no piensa de igual modo.

    La violencia es la manera visceral de responder ante una injusticia, abuso de poder, flagante atentado contra la dignidad de las personas y los pueblos.

    No debemos permitir que la humanidad se desintegre moralmente, que la corrupción se instale, que el libre albedrío haga estragos en las conciencias.

    Si el mal y sus secuelas hacen de la destrucción y la muerte su imperio, el bien tiene que aferrarse a la vida y defenderla con la fuerza del amor, del diálogo y del acuerdo.

    No hay humanidad que se mantenga en pie, con dignidad, si impera la ley del más fuerte.

    Palestinos e israelitas deben deponer toda actitud de violencia, buscar de manera civilizada caminos de paz.

    “Padre de todos, ten misericordia de palestinos e israelitas, ayúdales a hacer tu voluntad, crear un mundo más humano y fraterno”

  10. La fe es verdad

    Hablar de la Trinidad no es negar la evidencia del misterio de Dios. En ella encontramos las tres naturalezas de una misma realidad:Dios.
    La naturaleza del Padre.- Dios, el que Es, se nos muestra como el amor del cual brota la vida, todo cuanto existe. Dios es en esencia amor creador, de Él sólo puede germinar amor.
    La naturaleza del Hijo. La primera manifestació visible y cercana del amor del Padre, la encontramos en el Hijo: Jesucristo. Él es Dios encarnado, en un hombre de carne y hueso como cada ser humano. Una humanidad que lleva implícita la naturaleza de Dios y por tanto su amor. En efecto, en Jesús, Dios va a manifestar, a mostrar, cómo es su amor. Un amor que salva, perdona, tiene misericordia, se entrega sin medida al querer de Dios.
    La naturaleza del Espíritu Santo.- Dios tiene un lenguaje singular, que se ha manifestado desde el origen mismo de la Creación: la Palabra como expresión y promesa de su amor. Ella es Dios, obra con Él, está en Él. Sin la Palabra, el ¡hágase! de Dios, nada hubiera sido creado.
    Las tres naturalezas son inseparables y no podemos convertirlas, en algo tan material como es el hábitat que las contiene. El cuerpo, todo cuerpo vivo es a la vez mortal. La fe nos dice que en lo más profundo del ser aletea una vida sin fin, el amor de Dios cuya presencia permanece a través de Cristo, y su aliento sigue alentando la vida, derramando los dones generosos de su amor.
    Yo creo en Jesús, Dios y hombre verdadero. Creo en el Dios del amor, que un día en la historia tomó mi pobre condición humana para indicarme el camino de la plenitud del ser, la verdad del amor de Dios y darme el sentido de la vida.
    Ningún hombre y mujer entenderán a Dios sino es a través de su amor manifestado en el Hijo.
    Hay una sabiduría que nace de la fe sencilla de un corazón que sólo sabe y quiere amar. Y no hay otras razones o extravíos teológicos y filosóficos, donde es fácil perderse.
    Jesucristo, Hijo de Dios con todo derecho. Gracias a su amor entregado, todos podemos sentirnos hijos del Padre. Ya no somos unos pobres huérfanos-@s, a merced del sin sentido, Jesús nos ha salvado de la muerte y nos ha mostrado como se llega a la Vida en Dios: amando.

  11. AMA Y CREERÁS

    Desde niños nos han dicho que la fe sin obras, es una fe muerta, teniendo en cuenta el mandamiento del amor que nos dejó Jesús.

    Sin embargo, los hombres y mujeres de nuestro mundo, cada vez encuentran mayor alejamiento e incoherencia entre una realidad y la otra, entre la fe y las obras.

    A cuantos dicen creer en un Dios que es amor, les parece incomprensible una fe carente de testimonio. Hay multitud de Tomás, que dicen aquello de: “si no lo veo, no lo creo”

    Creo que para todo hombre y mujer de bien, creyentes o agnósticos, la interpelación de la fe debería pasar primero por las obras de amor y misericordia.

    El hombre y la mujer, llevando sobre sus hombros las cruces pesadas de tantas carencias y limitaciones, se mueve en las coordenadas de lo posible, tangible y evidente.

    Somos multitud los-@s que pensamos que, el camino que conduce a la fe, es un camino de experiencia de amor, de dar y recibir amor.

    Pienso que no hay mayor creyente que el ser humano que ama y se entrega, a través del don gratuíto de su vida.

    A su vez, quienes se sienten amados así, recibiendo amor y misericordia, contempla dentro de sí, como es el rostro de Dios aunque nadie le haya hablado de él, ni conozca la vida de Jesús, su testimonio de amor.

  12. CRISTO NOS LLAMA A LA VIDA EN EL AMOR

    “…SEÑOR, HIEDE YA, PORQUE LLEVA CUATRO DÍAS” (Juan 11:39)

    Hay veces que cuando tenemos un problema hacemos lo que Marta y María hicieron con su hermano fallecido: lo enterramos y ponemos una piedra delante de la tumba para sellarlo. Pero luego llega Jesús y nos pide que corramos la piedra para poder sanar y restaurar todo cuanto en la vida “HIEDE”.

    Necesitamos transparencia, humildad y valentía para mover la piedra de esos asuntos obstinados o embarazosos.

    Pero nunca serás sano ni restaurado hasta que estés dispuesto a hacerlo. ¿Te puedes imaginar en qué estado se encontraría Lázaro después de cuatro días en la tumba?

    Dijo su hermana Marta: “…Hiede ya…”, pero Jesús replicó: “…¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?” (Juan 11:40).

    Lo más destacado de este relato es que no importa cuánto se haya deteriorado la situación o lo desagradable que sea, Jesús puede darla un giro.

    Para ello tendrás que disponerte a mover la piedra y dejar que Él intervenga.

    Si lo haces, Él te devolverá lo que la vida te ha robado.

    A lo mejor alguien te ha excluído y rechazado; te ha ignorado y humillado, ha menospreciado tu dignidad.

    Jesús nunca lo hará. Nunca hizo que un ser humano fuera un objeto de “usar y tirar”, a quien se pudiera comprar y vender o convertirlo en el “chivo expiatorio” de culpas ajenas e intereses creados.

    Nuestra libertad nunca puede permitir, atentar contra la vida de nadie, contra su dignidad e integridad moral y espiritual. No hay en la vida autoridad que pueda ejercerse desde el desprecio y la ofensa de un trato inhumano e injusto.

    Un comportamiento así, conduce a crear las condiciones de conflicto que crean sufrimiento y desesperanza.

    No hay tiempo para el amor y la misericordia, es posible que creamos como Marta y María, que es demasiado tarde para un milagro, para cambiar un corazón endurecido. No lo es.

    Quizás hay muchas cosas que “hieden”, muchas actitudes que no acompañan la verdad: el egoísmo interesado, la crítica descarnada, la censura, juicio y difamación de la debilidad ajena, el menosprecio y ninguneo, los pactos de conveniencia, tantas ofensas gratuítas. 

    ¿Qué beneficio o provecho se saca haciendo sufrir y llorar a un semejante, por culpa de nuestro proceder inhumano?

    ¿Puede creer alguien cabal, que una vida se silencia con el maltrato?

    …”si crees, llegarás a ver “la gloria de Dios…”.

    Esa gloria será, el milagro de su amor, para cuantos creamos en él.

    Antes, hay que estar dispuestos-@s a “correr la piedra”, abrir la puerta, derruír los “muros infranqueables” de nuestro corazón.

    Entonces la luz y el amor de Cristo, se proyectará sobre nuestra vida, y la de tantos hombres y mujeres, que se sienten cansados,  heridos y abandonados.

    Seamos portadores de Resurrección, de amor y de vida.

    maría jesús.

  13. _________________________________

    Es tan maravillosa esta Casa donde Dios creó al hombre y la mujer, les dió dominio sobre todas las especies existentes y cuanto la naturaleza contiene, y al eco de su Palabra ¡hágase!, se expandió por toda la Creación y su mirada comprobó que todo, absolutamente todo: ERA BUENO, MUY BUENO.

    Una “Casa” inmensa cuyas ventanas miran hacia los espacios infinitos del Universo creado.

    Quiso Dios que en esta Casa, su aliento de amor se transformara en vida, y todo fluyera en torno a la vida: el amor entre el hombre y la mujer, y entre sus semejantes.

    De este modo surgió y se conformó el matrimonio y la familia, dando origen a los grupos, las tribus, los pueblos, las grandes y pequeñas urbes que han configurando el perfil de las sociedades existentes a través del tiempo.

    Dios vió que su obra creadora ¡ERA MUY BUENA!

    En esta Casa común de espacios diversos que conforman los mares y océanos, lagos y ríos, montañas y valles, selvas y jardines, tierra y desierto, un inmenso techo cubierto de estrellas brillantes y astros de luz y calor, extiende su manto amoroso, iluminando los días con su resplandor y encendiendo de noche, las pequeñas lamparitas que tintinean trémulas en la bóveda del cielo.

    Cada hombre y mujer han de ser portadores de luz y verdad, amor y vida, esperanza colmada en el aquí y ahora de nuestra existencia.

    Han de mantener encendidas las brasas de nuestro corazón, donde el aliento de Dios sigue insuflando amor.

    Hemos de cuidar la Casa común, cierto, sin olvidar el centro de la Creación, la imagen de Dios que somos cada hombre y mujer.

    Será vano el cuidado de todo cuanto nos rodea, si  no experimentamos el amor que nos habita,  y que es presencia de nuestro Creador en esta vida.

    Dios tiene un sólo proyecto para la humanidad creada: hacer que su amor llene la Casa común de paz y justicia, de luz y verdad, de sana y fraterna convivencia, donde cada ser humano tenga su espacio y sustento, su dignidad respetada, sus derechos reconocidos.

    Es preciso cuidar nuestro cuerpo y espíritu, proyectar el amor hacia los-@s demás, si no queremos que esta hermosa Casa quede invadida por el desorden y desequilibrio, el odio, la violencia y las guerras, el caos y destrucción que engendra, la falta de amor y gratitud por todo cuanto ha sido creado. 

    Cómo podemos creer en la Jerusalém celestial, si estamos ahogando la vida y cuanto existe, con acciones que matan todo anhelo y esperanza de bien.

    Amemos a Dios en cada ser humano y la CASA se convertirá en el Paraíso que desde el principio quiso Dios fuera el umbral de su morada.

    No nos engañemos, tratando de negar la evidencia. Nuestra Casa común al igual que nuestro cuerpo, presenta las heridas y golpes de un trato y proceder cruel e inhumano.

    Todo nuestro obrar refleja hasta qué punto respetamos las obras de nuestro Creador, que incluyen como eje central a todo hombre y mujer.

    Si nuestro cuerpo se va apagando y a duras se mantiene en pie, será bueno mirar al horizonte esperanzados y decir: estuvo bien, todo se ha manifestado según la voluntad de Dios.

    maría jesús.

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